¿Es la fotografía digital...fotografía?

Poco más de 30 años han pasado desde que Kodak patentara la primera cámara digital de la historia y menos de dos lustros desde que las cámaras digitales se hicieran asequibles para el bolsillo medio. En este breve espacio de tiempo, la fotografía digital ha conseguido imponerse sobre la fotografía química, sustituyéndola por completo en algunos campos y relegándola a unos pocos nostálgicos, sobreviviendo, a día de hoy, práctica y exclusivamente en el campo de la fotografía artística.

No es de extrañar, si tenemos en cuenta todas las bondades de la fotografía digital: rapidez, ausencia de revelado, facilidad —el llamado D-lighting permite que, aspectos cruciales en la fotografía analógica (como es la correcta exposición) puedan ser corregidos a posteriori por medio de técnicas infográficas, permitiendo un buen resultado a partir de casi cualquier toma o al menos un sustancial embellecimiento — y sobre todo, y al igual que ocurrió en los inicios de la fotografía, con la peculiar batalla vivida entre el sistema negativo-positivo(inventado por Fox Talbot) y el sistema positivo (patentado por Daguerre), precio y reproducibilidad.
Hablar de calidad es un asunto espinoso: ya que, mientras la mayoría de consumidores han caído en el engaño de la dictadura del megapíxel —que de facto solo determina la capacidad de ampliación de una imagen — pocos han remarcado lo que, en términos reales, determina la calidad de una imagen, es decir, el tamaño del sensor, siendo la mayoría de los sensores digitales mucho más pequeños que un negativo estándar de 35 mm — la tecnología full-frame es por ahora, inaccesible por su alto coste para la mayoría de fotógrafos "de consumo" y el uso de respaldos digitales, aunque extendido entre los fotógrafos profesionales , aún ésta lejos de poder competir con sistemas de formato medio, como el 6x6, siendo hasta la fecha imposible igualar la calidad que ofrece una cámara de placas—.
Indudablemente con el avance de la tecnología las distancias actuales en parámetros como calidad, definición de la imagen y acutancia (rango dinámico) irán acotándose, pero eso no responde a la pregunta inicial, ¿es la fotografía digital...fotografía?

Normalmente por fotografía entendemos el arte o la técnica de fijar una imagen permanentemente por medio de una cámara oscura en una superficie sensible, si nos ceñimos a esta acepción , efectivamente, podríamos clasificar la fotografía digital como fotografía y aunque en efecto, la génesis de la imagen es similar —se trata en ambos casos de la incidencia de la luz reflejada de los objetos sobre un material sensible— la fotografía digital difiere muchísimo en su taxonomía de la fotografía analógica. Mientras que en esta última, la imagen ésta constituida a partir de la reacción fotoquímica de los haluros de plata, en el caso de la imagen digital hablamos de pequeñas unidades de información independientes (pixel) que, en un proceso similar al de un mosaico, acaban constituyendo una única unidad de información gráfica.
Este cambio aparentemente superfluo y que a nivel plástico únicamente se traduce en un cambio de textura, supone una autentica transformación en el modus operandi del fotógrafo: ya no es necesario pasarse varias horas en el cuarto oscuro para conseguir una copia perfecta, ahora, solo es necesario disponer de un ordenador y en un proceso que guarda muchas similitudes con la pintura corregir la imagen, por medio de un software de edición.

Esta discusión sobre la incursión de elementos ajenos en la fotografía no es para nada nueva, ni es algo que se haya iniciado con la “fotografía” digital. Ya a finales del siglo XIX , cuando la fotografía empezaba a ganarse el estatus de arte, surgió una disputa entre dos corrientes diametralmente opuestas. Los fotógrafos —que a diferencia de hoy, carecían de una tradición fotográfica— se dividieron en dos grupos: Por un lado, los que defendían que la fotografía debía usar y buscar sus propios recursos plásticos (pictorialistas) y los defensores de que la fotografía debía seguir las normas y cánones de la pintura (academicistas).
Aunque la premisa de esta disputa es similar —la incursión de elementos propios de la pintura frente a una fotografía más pura, que únicamente se nutre de sus propios medios — en este caso se presenta una extraña y antagónica contradicción: en la fotografía digital el uso de elementos ajenos a la fotografía es algo inherente a la propia expresión fotográfica, ya que la postproducción de la imagen, es decir, todo lo que antes se hacía en el laboratorio, ahora requiere ser efectuada a través de un ordenador con herramientas propias de un infografista.

Pero esta no es la única aportación que ha propiciado o el único debate que ha reabierto la aparición de la fotografía digital. Una de las obligaciones que —a mi juicio erróneamente — se le ha atribuido al arte es la búsqueda de la verdad. La fotografía ,por sus propias características —al contrario que, en la pintura o en cualquier otro arte, la representación se efectúa por medio de un objeto y no un sujeto— es quizá el arte que más ha sufrido esta responsabilidad, achacándole una carga de objetividad, veracidad y neutralidad de la que otras artes han prescindido.
En los últimos años, gracias a la popularización de la “fotografía” digital y la accesibilidad de programas de edición de imágenes como Adobe Photoshop —cuya interfaz no solo es ahora mucho más accesible, si no que ha encontrado en la red y en los canales de distribución “no oficiales” como el P2P la mejor manera de llegar al público más amateur— ha propiciado la caída del falso mito de la objetividad y la neutralidad fotográfica. El público no especializado, gracias al uso y abuso de las herramientas de postproducción fotográfica, por parte de los medios de difusión masiva como son las revistas de moda y sobre todo la publicidad, ha aprendido a dudar de la veracidad fotográfica hasta el punto de que, en la actualidad, se tiene la falsa idea de que la fotografía analógica o tradicional se inscribe y la fotografía digital se escribe.

Aun así, hay algo de verdad en esta afirmación: se suele hablar de fotografía analógica y fotografía digital, aunque los defensores de la fotografía digital consideran que esta también es, en cierta forma analógica, al existir una analogía entre la imagen digital y el objeto representado. Pero¿realmente la fotografía digital es analógica? Creo que la respuesta es tan sencilla como decir que la imagen digital es analógica pero no así la fotografía digital. Mientras que en la fotografía química el soporte fotográfico (bien sea un negativo, una diapositiva o el propio papel fotográfico) experimenta una serie de transformaciones para reproducir la imagen, en la fotografía digital, únicamente ocurre una transcripción: la imagen es codificada en valores de entre 0 y 255 y posteriormente reinterpretada. Pero, en este caso, el “soporte fotosensible” permanece inalterado y sencillamente se limita a construir un archivo, una abstracción, un código formado por 0s y 1s , que poco o nada tiene que ver con la transformación que experimenta el material fotosensible en el caso de la fotografía química.Por este motivo es lícito pensar que la fotografía química tiene mucho más que ver con la idea de huella o índice, mientras que la fotografía digital se acerca más a la acepción de icono o símbolo, propuesta por los lingüistas. Esto por supuesto, únicamente es aplicable al material sensible, ya que, en efecto, toda imagen, sea química o sea digital, es indudablemente un icono, puede que incluso un símbolo, pero difícilmente se puede justificar que —la imagen, en sí misma y no él acto fotográfico— sea una huella.

Al margen de los problemas semióticos que puede provocar la fotografía digital y si retrocedemos un poco más en el tiempo, resulta curioso que el objeto del que deriva la actual cámara fotográfica, es decir, la “cámara obscura”, en un principio fuera concebido como una herramienta auxiliar para el dibujo y la pintura. Las primeras representaciones foto-realistas, al no conocerse un material sensible a la luz, requerían la intervención de un artista que se limitara a calcar la imagen reflejada sobre un soporte. Este hecho nos plantea varias cuestiones; si consideramos que la "fotografía" digital, es decir, un medio que requiere valerse de las herramientas de otro medio -como es la infografía- es fotografía, quizá deberíamos ampliar la acepción de fotografía e incluir en ella también los grabados de Canaletto y toda representación efectuada a través de la “cámara obscura” o bien redefinir el termino de “fotografía” entendiendo que esta tiene una base evidente e inalterablemente química y crear un nuevo concepto para la fotografía digital, quizá algo así como “representación infográfica foto-realista”.

Sin duda, la creación de un nuevo termino —o la ampliación/redefinición de los existentes— es necesaria, ya que lo que hasta ahora se ha llamado “fotografía” digital no supone, únicamente, una evolución como se ha dicho, sino todo un cambio en el concepto y sobretodo en el flujo de trabajo del fotógrafo —hoy día más cercano al diseñador gráfico que al propio fotógrafo—, que acerca más el concepto de “fotografía digital” a la idea de “cámara obscura” que a lo que, tradicionalmente se ha considerado fotografía.

Miquel Gil
23/01/2011

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